Del cuerpo como alien al cuerpo como agente

Esta entrada es un extracto de un trabajo que realicé en 2012, en el marco del Magíster de Género y Desarrollo de la UCM y el ICEI. El titulo está inspirado en un artículo de Mari Luz Esteban (2011). Lo quiero publicar aquí, para evitar que no quede en el cajón de los recuerdos y por otro lado, porque a través del trabajo con grupos de mujeres que se recuperan de procesos de violencia, el cuerpo se revela como protagonista y agente de cambio. Es un tema central en el feminismo de hoy y que las que trabajamos en la materia no dejamos de darle vueltas…

Gran parte del trabajo que desarrollamos con los grupos de mujeres, se basan en el trabajo corporal junto con una labor de des aprendizaje de género, a la vez que se incorporan hábitos de autocuidado en la vida cotidiana. Se trabaja así la revalorización de una misma, de la vivencia del cuerpo y la mente como un todo integrado a través del reconocimiento del placer como derecho y estrategia de autoayuda. Se tata de transformar la experiencia subjetiva del cuerpo maltratado, doliente y ajeno, al cuerpo integrado, potencial fuente de recursos de autocuidado y bienestar.

En palabras de Mari Luz Esteban, se trata de pasar del cuerpo como alien al cuerpo como agente (Esteban, 2011, p. 54), a través de una resignificación del  cuerpo.

Aquí realizo un breve repaso a algunas autoras que han profundizado con el concepto del cuerpo y su relación con las estructuras sociales de género

Solemos pensar en el cuerpo como un invariante pero no lo es, cambia a lo largo del ciclo vital, y sólo puede comprenderse en términos de un sistema biocultural, en la que la psique conecta el interior con el exterior (y viceversa) (Fausto-Sterling, 2006 [2000], pp. 279-304).

Nancy Krieger aporta un concepto muy interesante para  explicar las relaciones entre el estado de los cuerpos humanos y el cuerpo político, el término embodiment, a través de la Teoria Ecosocial (Krieger, 2002), por la cual:

a)             A lo largo de todo el ciclo de vida, se va incorporando biológicamente el mundo material y social en el que vivimos. Así no habría ningún aspecto de la biología de las personas que se pueda comprender sin conocer la historia y las formas de vida individuales y sociales.

b)             Las vías por la que se in-corpora  vienen estructuradas por  la organización social del poder y la propiedad,  las estructuras contingentes de producción, consumo y reproducción y las limitaciones y posibilidades de nuestra biología, tal como las han conformado la historia de la evolución de nuestra especie, nuestro contexto ecológico y las historias individuales, esto es, las trayectorias de desarrollo biológico y social.

Dolores Juliano a su vez hace un análisis antropológico de las relaciones con el propio cuerpo y de las diferentes maneras culturales de conceptualizar, utilizar y valorar las funciones corporales, presentado a la sexualidad como “un campo especialmente conflictivo” en la mayoría de ellas. Habla sobre la sexualidad masculina basada en la agresividad como un valor loable dentro de las sociedades guerristas (entre las que se incluye la nuestra) y con ella el cuerpo del guerrero como modelo ideal de hombre. El guerrero lleva a cabo estrategias, toleradas y glorificadas, para el logro del poder, como el egoísmo de anteponer la propia satisfacción al bienestar ajeno y la agresividad. A su vez existe una construcción cultural que es el rechazo al cuerpo, a través de religiones monoteístas y androcéntricas, y todo lo que tiene que ver con él salvo el dolor, que es el camino para lograr la salvación. El cuerpo por tanto, “es devaluado,  por ser un cuerpo sexuado y la sexualidad, como espacio de la mayor corporeidad y el mayor placer, es el ámbito de la mayor desvalorización” (Juliano, 2011).  Lo que hacen los hombres se transforma en el modelo universal de logro, así amar al propio cuerpo, cuidarlo y atenderlo se ha valorado durante mucho tiempo negativamente, como una falta de masculinidad. Por ello las propias mujeres, dice Juliano, prefieren “dedicar su capacidad de cuidado a los otros, pues tener una relación amable con su cuerpo, las caricias, la sensualidad y el autocuidado no tienen muy buena prensa”.

Fina Sanz, en su búsqueda de alternativas integradoras para el estudio e intervención sobre los comportamientos humanos, sobre todo aquellos relacionados con la sexualidad, fue observando en sus pacientes que:

–          El cuerpo era vivido con angustia cuando se experimentaba placer corporal.

–          Aparecía la culpa no solo frente a esas sensaciones sino incluso con las fantasías eróticas.

–          Se producían autocastigos, materializados de una u otra forma.

A través de algunos años de trabajar desde esta óptica, Fina Sanz, hace un intento de cuerpo teórico llamado Terapia de Reencuentro (TR). Es decir, la TR parte de la experimentación y del trabajo empírico, de las aportaciones de las personas atendidas, de otras profesionales de la sexología, la psicología y la educación.

Así la TR considera que desde una tradición cultural como la judeocristiana, las relaciones entre las personas se establecen de manera jerárquica, donde el mayor poder lo ostenta la figura patriarcal de “el hombre”, el padre, Dios, etc. De esa manera se construye una organización social basada en la escisión de “lo masculino” y de “lo femenino”,  llamadas por Fina Sanz “subculturas femeninas y masculinas”. Así también se establece una ruptura entre el cuerpo y el espíritu, concretado en lo mental y lo físico. Así “apenas existen dentro de esta ideología términos que aludan a la totalidad teniendo que utilizar términos como psicosomático o psico-físico” cuando nos referimos al cuerpo como conjunto de sensaciones, emociones y pensamientos (Sanz, 1990 [2003]: p. 30) .

Para terminar esta primera parte en la que me voy acercando al cuerpo como agente, me viene a la mente una lectura del libro Borderlands/La Frontera de Gloria Anzaldúa (The New Mestiza, 1987), en el que se aborda de otra manera el concepto de alien, esta vez referido a la intersección de la raza con el sexo…

«El mundo no es un lugar seguro para vivir (…) La mujer no se siente a salvo cuando su propia cultura y la cultura blanca la critican; cuando los varones de todas las razas la cazan como a una presa.  Alienada en su cultura materna, «alien» en la cultura dominante, la mujer de color no se siente a salvo en lo más profundo de su Ser. Petrificada, no puede responder, su cara está atrapada entre los intersticios, los espacios entre los diferentes mundos que habita.»


[1]  Esteban Galarza, Mª Luz. (2011) “Cuerpos y políticas feministas: el feminismo como cuerpo”. En “Cuerpos políticos y agencia. Reflexiones feministas sobre el cuerpo: trabajo y colonialidad”. Cristina Villalba Augusto y Nacho Álvarez Lucena. Universidad de Granada, pp 45-84.

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